CoraOCTOBER 20, 2026

Cada cacao cuenta una historia: conoce los tipos de cacao ecuatoriano

Hablar de cacao ecuatoriano es hablar de un mismo fruto, pero de muchas historias. Historias que nacen en distintas tierras, crecen bajo diferentes condiciones y pasan por las manos de personas que han aprendido a conocer el cacao generación tras generación.

No todas las mazorcas son iguales. Tampoco todos los granos expresan los mismos aromas, sabores o características cuando finalmente se convierten en chocolate. Detrás de esas diferencias están la variedad del cacao, el territorio donde crece y todo lo que sucede desde la cosecha hasta el secado.

Por eso, conocer los tipos de cacao que existen en Ecuador es también otra forma de conocer nuestro país. Porque cada uno habla de una época, de una necesidad y de una manera distinta de relacionarnos con uno de los frutos que más nos representa.

Cuando hablamos de tipos de cacao, ¿de qué estamos hablando?

Durante años fue común escuchar que el cacao se dividía simplemente en Criollo, Forastero y Trinitario. Sin embargo, cuando miramos de cerca la historia del cacao ecuatoriano, descubrimos que nuestra realidad es mucho más particular.

Ecuador tiene materiales de cacao que han acompañado al país durante generaciones y otros que nacieron mucho después, como respuesta a nuevos desafíos de la agricultura. Entre ellos existen dos nombres que aparecen constantemente cuando hablamos de nuestra producción: Nacional y CCN-51.

Sus historias son muy diferentes.

Uno está profundamente unido a la tradición cacaotera ecuatoriana y al reconocimiento de nuestros aromas. El otro nació de años de selección y búsqueda por conseguir plantas productivas y capaces de responder mejor a las condiciones del cultivo.

Conocerlos no significa decidir cuál es “mejor”. Significa entender que detrás del chocolate ecuatoriano existen distintas formas de llegar a una barra y que cada una tiene algo propio que contar.

Cacao Nacional: una historia que lleva generaciones hablando de Ecuador

Hay nombres que terminan unidos a un lugar. Cacao Nacional es uno de ellos.

Su historia está profundamente relacionada con la tradición cacaotera del Ecuador y con los aromas que ayudaron a que nuestro cacao fuera reconocido fuera de nuestras fronteras. Sus perfiles florales y frutales, junto con las características tradicionalmente asociadas al cacao “Arriba”, construyeron parte de la reputación que el país conserva hasta hoy.

Pero el Nacional no es solamente aroma.

También es memoria. Es el resultado de generaciones que aprendieron a cultivar cacao, reconocer los tiempos de la mazorca y acompañar cada cosecha. Y, como toda historia que atraviesa tantos años, también ha cambiado. Los cruces naturales y la convivencia con otros materiales hicieron que hoy exista una gran diversidad dentro del cacao que identificamos con esta herencia.

Quizás por eso hablar de Nacional no significa hablar de una planta idéntica repetida una y otra vez. Significa hablar de una historia que ha evolucionado junto con el campo ecuatoriano sin perder aquello que la conecta con su origen.

Si quieres conocer más sobre los aromas y características que han hecho reconocido a nuestro cacao, puedes continuar con nuestro artículo sobre qué es el cacao fino de aroma ecuatoriano y por qué Ecuador es reconocido mundialmente.

CCN-51: una historia distinta que también nació aquí

No todas las historias del cacao ecuatoriano comenzaron hace cientos de años.

La del CCN-51 es mucho más reciente y habla de otra parte de nuestra relación con el cacao: la capacidad de observar los desafíos del campo y buscar nuevas respuestas.

Este cacao fue desarrollado en Ecuador durante el siglo XX por Homero Castro Zurita, después de años de selección y trabajo enfocados en obtener una planta productiva, adaptable y con mejores posibilidades frente a algunas de las dificultades que enfrentaban los cultivos.

Con el tiempo, empezó a formar parte de las fincas de distintas zonas del país y hoy ocupa un lugar importante dentro de la producción cacaotera ecuatoriana.

Su historia es distinta a la del Nacional, pero ambas forman parte del mismo territorio. Una nos habla de herencia y tradición; la otra, de investigación, adaptación y de una agricultura que también ha tenido que transformarse.

Y aun en un cacao desarrollado para responder mejor en el campo, el trabajo de las personas sigue siendo determinante. La cosecha, la fermentación y el secado pueden cambiar la manera en que sus sabores y aromas llegan finalmente al chocolate.

Porque ninguna variedad cuenta su historia sola.

Granos y mazorcas de diferentes tipos de cacao ecuatoriano

La diversidad del cacao ecuatoriano sigue creciendo

Nacional y CCN-51 ayudan a entender dos grandes caminos del cacao en Ecuador, pero nuestra diversidad no termina ahí.

Durante décadas, productores e investigadores han seguido observando árboles, seleccionando materiales y buscando formas de conservar las cualidades que hacen especial al cacao ecuatoriano mientras responden a desafíos como las enfermedades, la productividad y las diferentes condiciones de cada región.

Ese trabajo también forma parte de nuestra historia.

El cacao que cultivamos hoy es el resultado de todo lo que hemos aprendido de él: de las plantas que permanecieron, de las que se cruzaron naturalmente, de las que fueron seleccionadas y de las personas que continúan estudiando cómo cuidarlo y hacerlo crecer.

Manos abriendo una mazorca de cacao ecuatoriano durante la cosecha

Por eso, el cacao ecuatoriano no es algo detenido en el tiempo. Tiene raíces profundas, pero sigue cambiando con las personas que lo cultivan, lo investigan y encuentran nuevas maneras de preservar su valor.

Y esa diversidad se vuelve todavía más interesante cuando el cacao sale de la teoría y vuelve al lugar donde realmente empieza su historia: la tierra donde crece.

Un mismo cacao puede contar historias diferentes según dónde crece

A partir de aquí mantendría el resto del blog prácticamente como está.

Este cambio hace que Nacional y CCN-51 sigan explicándose correctamente, pero desde una narrativa de herencia vs. evolución, en lugar de dar la sensación de estar leyendo una clasificación técnica. Además, la última frase conecta mucho mejor con la siguiente sección sobre territorio.